Leyendo y releyendo cada uno de los comentarios que fueron dejando,
a la primera conclusión que llego es que todas estamos de acuerdo en que nuestro trabajo vale mucho más de lo que podemos cobrarlo y que, lo que más desorienta, es como se puede valuar nuestro tiempo sumado a nuestra experiencia (vasta o corta, experiencia al fin).
Nunca fue mi intención decirle a nadie lo que tiene o no tiene que cobrar,
solo intenté orientar el camino por muchas consultas que recibo,
con los años que llevo en esto
(ya van más de quince desde que hice mi primera tarta de fondant y más de 10 desde que entregué la primera tarta como encargo)
y considerando que muchas de las cosas que cuentan yo misma las viví.
Una gran maestra me dijo:
"Solo tu sabes quien eres, solo tu sabes que quisiste hacer y que fue lo que te salió. Solo tu sabes realmente cual es tu capacidad.
Pues entonces solo tu sabes cuando vale tu trabajo"
Y es así!
Cuando realizamos una tarta con fondant sabemos que quienes la vean alucinarán con nuestro trabajo, nuestra familia se desvivirá por elogiarnos,
nuestros amigos nos llamarán artistas...
y que lindo es eso!
Pero nosotras somos quienes sabemos que es lo que intentamos hacer
y que es lo que hicimos.
Nosotras debemos ser nuestros mejores jurados.
A mis alumnas les digo que el día que decoren una tarta sin sufrirla,
que el trabajo les resulte placentero y relajante,
que el resultado final sea más de lo que esperan y que,
cuando se alejen
y la miren,
la tarta las enamore,
pues ese día podrán considerarse reposteras.
Pero eso no quiere decir que ese día habrán llegado,...no!
Ese día será el día que comiencen a caminar por un camino muy largo de autosuperación y metas.
Nunca piensen que llegaron,
nunca piensen que lo lograron,
porque ahí estarán perdidas.
Las nuevas generaciones no empezarán de cero,
empezarán a partir de nuestra experiencia y de la experiencia de las grandes,
entonces les será más fácil avanzar.
Valoren su trabajo, valoren su tiempo y nunca dejen de crecer...ese es mi mejor consejo!



